La diseñadora Paula Téllez ha desarrollado colecciones de muebles que combinan la piedra recuperada de edificios y demoliciones y el hierro.
La idea surgió hace diecisiete años en un derribo, de donde Paula Téllez extrajo sus primeras piedras. A pesar de la anti güedad y la fuerza de estas piedras, era difícil reutilizarlas y devolverles la belleza que un día t uvieron. Pero la diseñadora consiguió solucionar este problema combinando el material con hierro, lo que le ha permitido crear un estilo de mobiliario que se adaptar al estilo de vida y los espacios a ctuales. El componente antiguo de la piedra se adapta a una estructura de hierro, un material lo suf icientemente fuerte para sostener la roca. El resultado es una pieza única e inimitable capaz de ada ptarse al entorno de un hogar o de un edificio público. Además, estos muebles se adaptan tanto a esp acios modernos como clásicos, haciéndolos fáciles de combinar en cualquier escenario.
Si hubiera que definir el prototipo de su obra, podría decirse que se trata de una mesa-escultura o de una escultura-mesa. Pese a ello, Téllez se muestra muy prudente ante la rotundidad de la palabra escultura, “pues le tengo un gran respeto”. El caso es que la interiorista ha jugado a la antítesis en estas piezas, nombre que opta por proferirles. Por un lado, ha realizado una alianza entre elementos antiguos, “pedazos de objetos con historia”, como puedan ser un trozo de retablo antiguo, un tronco, una piedra o una rueda del eje de vetustos telares, y otros actuales, añadidos y trabajados a posteriori en el espacio que Juan Seguí le ha cedido a la artista. En el caso de las siete mesas que ha elaborado Téllez para esta muestra, que ha sido posible gracias a la colaboración del Institut d´Estudis Baleàrics, elabora un dibujo previo de la obra. Luego, en la herrería, le fabrican la estructura sólida de las piezas. Los adornos, la aplicación de la pátina de oro, la composición y el tratamiento oxidado a la materia prima los aplica Téllez artesanalmente.

Transmitir sensaciones

La temática de la mesa viene trabajándola la interiorista desde hace 12 años. Su motivación es meridiana: “Si te fijas bien, alrededor de una mesa suceden las cosas más importantes de nuestra vida: se firman documentos, se come, se celebran momentos decisivos”. Además de erigirse en una suerte de lugar sagrado, magnético y especial, la artista pretende transmitir al espectador una serie de sensaciones con sus muebles. Emociones que son a su vez las que le recorren el cuerpo cuando pasea por lugares como la Costa Nord o la Serra de Tramuntana. Téllez no concibe su vida sin naturaleza. “Algunas piezas son más calmadas, serenas, como la que tiene un dolmen grande en medio; otras, como la que cuenta con una caracola, es desasosegante, por las espirales obsesivas de su forma, por las ramificaciones y sus patas”, relata.
El hecho de escoger elementos antiguos para las piezas es justificado por la artista en la dirección de que ella cree que en todos esos objetos se encuentran las raíces y los orígenes de las personas, “de todos modos, cada cual puede darle una interpretación distinta a ello”.
En cuanto a la funcionalidad de estas esculturas, que ocuparán el claustro del centro cultural hasta el próximo día 19 de octubre, los argumentos de Téllez se visten de paradoja: “Son piezas útiles dentro de su inutilidad misma”. Con ello se refiere a que precisan de un espcio determinado y que la contemplación de su belleza no puede verse ensombrecida por la colocación de sillas alrededor.
El uso de elementos naturales, como ramas, troncos o piedras, entronca directamente con el arte povera. En cuanto a este movimiento en concreto, Téllez comenta que ella trabaja inconscientemente así y que toda su gestualidad como artista le sale de su interior, sin premeditaciones mentales a priori.
De las primeras piezas que diseñó hace más de diez años, la interiorista cree que está consiguiendo que sus obras se muevan y parezca “que cobran vida”.
Ésta es la primera exposición de esta artista que trabaja sin descanso y a la que no le acaba de gustar eso de ser protagonista por un día: “Cuando enseñas tu obra es como si te desnudases en un sitio en el que todo el mundo está vestido, pero comprendo que hay que hacerlo”.
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